COLON HERMENEUTA

Un Breve análisis del texto de Tzvetan Todorov

Los razonamientos de Cristóbal Colón frente a todo lo referente el “descubrimiento de América” atendían a tres lógicas que aún hoy en día imperan en diferentes dinámicas comunicacionales, incluso con los mismos grados de relevancia. Estos móviles de conquista y argumentación corresponden a la esfera de lo humano relacionada con la visión de otros hombres y la riqueza; lo natural referente al disfrute y a lo que dice por sí sola la naturaleza – que resulta ser la de mayor aceptación por parte de Colón- ; y a lo divino, por supuesto.

La simple hermenéutica que aplicó Colón partía de una estrategia finalista que asociaba la esfera natural y divina (para él la naturaleza era más cercana a dios que los propios hombres). Esta estrategia propia de su fe cristiana consistía en reconocer la existencia de verdades absolutas-no susceptibles a cuestionamientos-, de sentidos finales dados desde el principio de las cosas, donde el único propósito de interpretación era determinar el camino que le llevaría desde el principio hasta el final que ya conocía. Aquí, la experiencia no cobraba importancia pues la única razón valedera era la autoridad.

Sin embargo, era la esfera de lo natural lo que más llamativo le resultaba a Colón, tanto que bajo algunas circunstancias obviaba los principios teológicos, para él lo natural era lo más apreciable porque era su encuentro con dios. Su amplia admiración por los paisajes americanos se veía reflejada en todos los textos descriptivos y superlativos que escribió durante sus tres viajes; sin embargo, vale la pena cuestionarse en torno a si su éxtasis y alegría radicaba también en ver los “positivos” resultados de su estrategia finalista, pues después de muchas manipulaciones y de interpretar la naturaleza de acuerdo a sus intereses, sus predicciones y pre-concepciones se iban haciendo certeras.

La estrategia de Colón no hubiera sobrevivido de no ser por el supuesto de señales que todo el tiempo le acompañaron, una cosa le decía otra, una cosa le significaba por ende la existencia de otra. Las señales nunca existieron, pero sus convicciones eran más fuertes que las propias experiencias que vivía. Cuando un evento o alguien (estadio humano) contradecía su convencimiento, procedía a eliminarlo o manipularlo, valiéndose de su autoridad, que también le permitió nombrar por doquier todo lo que encontraba y clasificar según su función. Nombrar era el principio de su tarea colonizadora.

La diversidad de lenguas y lenguajes le resultaban inconcebibles, de algún extraño modo, Cristóbal Colón nunca entendió – ni se preocupó por hacerlo- que las estructuras lingüísticas de los indios no eran equivalentes ni comparables con las de los españoles. Sus pre- concepciones eran tan arraigadas que era imposible tarea entender siquiera el lenguaje de señas que sus compañeros aplicaban.

La actitud hermenéutica del colonizador estaba determinada por sus creencias y deseos, y no tenía en cuenta a la esfera humana, admitía que no existía un mínimo proceso de comunicación porque nunca pretendió que existiera. No es de extrañar que la pobreza de recursos comunicativos en América –latina, especialmente- radique en el egoísta comportamiento de Colón, así como la proclividad a gobiernos autoritarios y el imperio de lo terrenal sobre lo emocional.

UNA GAVIOTA DE CORTO VUELO


Este pájaro no tiene alas puntiagudas, es más, no sabe lo que un par de ellas significa o cómo se siente volar; no tiene plumas, es más gris que blanco; es grande pero no canta. Es una ruidosa ave que anuncia poco con su triste vuelo. Esta melancólica gaviota lamenta ser carnívora, porque ya ni sabe cuántos ha devorado, cuántos se han perdido entre sus entrañas, y mucho menos, quiénes han sido los pocos que han salido.

Esta es una particular gaviota que de ave tiene poco, es una gaviota hecha de coloridas casas que algún día decidieron desplazar el verde de los árboles, la frescura de sus sombras, y el suave olor de sus frutos, por dos calles principales pavimentadas con más tierra que cemento, algunos perros sin hogar y tres escuelas, una de ellas, sin estudiantes.

Gaviota es un barrio que, en más de 250 casas, alberga alrededor de mil personas de todas las edades que, sin importar el día, despiertan con el cantar de de los gallos de la anónima gallera, el ruido que hace la única ruta de bus asignada para recorrer el lugar y los gritos de los vendedores ambulantes que ofrecen desde cauchos para la olla a presión, hasta muebles de mimbre y delatoras mojarras que con su olor, revelan el considerable lapso de tiempo que ha pasado después de haber sido pescadas.

Este es el único lugar de la ciudad en el que son capaces de confluir y convivir el arte, la diversión, el ocio, la soledad y la pobreza; los vicios, la desilusión, la explotación, el afán y la pasividad al caminar, al sobrevivir; los niños, los viejos, las madres, los pobres, los ricos y los infaltables gallos. Aquí y sólo aquí el centro se hace innecesario porque se vende y se compra de todo. Hay carnicerías, peluquerías, billares, tiendas, supermercados, mini plazas de mercado, droguerías, escuelas, discotecas, licoreras y otras tantas ‘droguerías’.

La gaviota ha sabido alimentarse de todos aquellos que optaron por vivir en ella y renunciar a lo poco que el resto de ciudad le puede ofrecer, que quisieron no salir nunca más porque no necesitaban más. Una convencida presa del gran animal afirma “…Aquí vivo bien, no me hace falta nada, de pronto algún peso para hacerle otro ‘pisito’ a la casa, de resto y como dijo el pibe, todo bien…” pero mientras tanto otra que se niega a ser devorada, sube al bus para dirigirse a un lujoso barrio de la ciudad que envidia profundamente y en el que siempre ha querido vivir.

Es un barrio lleno de contradicciones que no se escapa de los cánones de jerarquización social, de las imposiciones de la iglesia católica que con aportes de los pobres habitantes ha levantado un gran templo; y mucho menos de la inseguridad que caracteriza a la ciudad, inseguridad que se acrecienta a medida que se avanza en el trayecto hacia el barrio que logró una muy añorada independencia, que lleva el nombre de su mayor atractivo, “El Mirador”.

Después de las mañanas atestadas de vendedoras y agudas voces, de olor a cilantro y cebolla, a humo de carros y buses; a sol algunos días y otros a gotas de lluvia estrelladas con el polvo del suelo; llega la gastronómica tarde que ofrece a los habitantes del barrio los platos más esquistos de la comida popular.

Resuenan entonces oxidadas llantas de hornos móviles y asadores que poco a poco se van ubicando a lo largo de las calles principales al tiempo que se preparan para la jornada de más de 4 horas, en la que cobran protagonismo empanadas rellenas de salsas, al igual que arepas, fritangas, chorizos, pinchos y otras tantas frituras igualmente ‘saludables’ para el colon.

La ardua jornada ‘Gavioteña’ de mañanas de ventas, de carnicería, de niños en la escuela, de ancianos inmóviles en las puertas de sus casas, de dietéticas y polvorosas tardes y ruidos de trompetas, bocinas, gallos y camiones; no logra terminar en algo diferente a las calles y callejones llenos de basura que nadie se atreve a recoger, perros que cumplen a tiempo y sin reparo con su función excretora, y hambrientos y extasiados habitantes de las destapadas calles de la gaviota que buscan entre los desechos algo para dar fin a su absurdo y triste día.

Un lugar en el que mientras algunos ancianos que esperan en sus puertas la visita del hijo que les abandonó, otros se reúnen en el solicitado y pequeño salón comunal para su quincenal encuentro de la tercera edad; un centro de trabajo informal, de largas y mal pagas jornadas de trabajo; un grande y al mismo tiempo pequeño barrio en el que la máxima expectativa de los hombres es la espera al sábado en el que la gallera se viste de fiesta. Un lugar, en donde como cualquier otro rincón olvidado de la ciudad y el país entero, la comida es sinónimo de esfuerzo o suerte y la plata, de poder.



UNA SEDIENTA GAVIOTA

Los problemas que acarreaba el no tener agua llevó a los habitantes del barrio a organizar y crear su propio acueducto, pero la inconsciente utilización y despilfarro del líquido, ha generado conflictos y puesto en riesgo la prestación del servicio.

Después de más de cuarenta años de servicio a la comunidad, no se sabe aún si el acueducto local del barrio la Gaviota ha significado un verdadero beneficio para los habitantes o un problema para entidad encargada de proporcionar el servicio; no se le da un uso adecuado al vital recurso, hay estrictos horarios para su utilización, y el servicio de recolección de basuras es incluso más caro que el del agua.
La Alcaldía ha intentado estar al pendiente de la situación de los acueductos locales y además de haber dotado el de la gaviota con tuberías de PBC que reemplazaron las antiguas mangueras, otorgó 89 millones de pesos para cubrir costos de mantenimiento y mejoramiento del mismo. En la suma se incluye también un fondo para apoyar el proyecto que se gestiona hace algún tiempo por parte de la junta local para potabilizar el agua. Sin embargo, por más que se capacite a los fontaneros para el buen manejo del acueducto, no ha habido campañas de concientización con la comunidad para evitar el desmesurado desperdicio de agua.

“Como el agua es barata, la gente no la economiza” afirma Alexander García, uno de los fontaneros que presta sus servicios al acueducto hace un año, habitante del barrio y antiguo trabajador del IBAL. El despilfarro del recurso se debe al costo del servicio, “hay una tarifa general, se cobran 4.700 pesos mensuales” nadie paga más o menos y la única manera que se ha encontrado para controlar el problema es racionalizando el agua, lo que genera inconformidades dentro de la comunidad.

El acueducto local de la Gaviota se constituyó desde la misma fundación del barrio hace más de cuarenta años, como una iniciativa de los mismos habitantes que tenían una necesidad básica insatisfecha, pues ninguna entidad pertinente suministraba agua al barrio de invasión que ya contaba con más de 100 casas. Hoy en día el acueducto cuenta con 1550 matrículas o usuarios afiliados, y se distribuye el agua en horarios predeterminados según los sectores del barrio; en algunas casas hay agua desde las 9 de la mañana hasta las 3 de la tarde, en otras desde las 3 hasta las doce de la noche y otras desde las doce hasta las nueve de la mañana.

“La racionalización es lo que trae problemas, la gente se queja pero de todas maneras ellos entienden que es un mal necesario” asegura García, al tiempo que recuerda que el mayor conflicto se generó en un tiempo de verano, en el que los horarios del agua fueron modificados y se redujo el servicio a cuatro horas diarias, “…de resto, no más problemas, tal vez malos manejos o mala administración a veces, pero no siempre…” insiste.

Desde el momento de su legal creación, el acueducto ha sido manejado por una junta administradora paralela a la de acción comunal del barrio, y los miembros integrantes se eligen cada dos años para alternar el control, tal vez eso ha impedido que se concrete por fin el plan de potabilización, sin embargo, la propuesta sigue firme, al igual que la mejora del acueducto que busca aumentar la presión y frecuencia de la llegada del agua.

El acueducto es uno de los bienes más preciados y menos cuidados por parte de los habitantes del barrio Gaviota, sin embargo, es el ejemplo del deseo de superación de una comunidad entera que decidió actuar prontamente frente a una crítica situación. Hace 40 años la necesidad del agua movió a toda una comunidad hacia el rio más cercano, y valiéndose de mangueras y rudimentarios equipos, por fin los gavioteños pudieron beber el preciado líquido en sus propios y sencillos hogares.

ENTRE CANÍVALES

CURRÍCULUM

El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente

usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica

usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros

usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío

entonces
usted muere.

Mario Benedetti